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miércoles, 27 de junio de 2007

Y Chávez también estuvo con Aznar

Porque Chávez también estuvo en la Moncloa y entonces el PSOE no arremetió contra su gobierno por estar en connivencia con un líder tan populista. Porque la memoria es algo tan frágil que da la sensación que con un leve soplo de aire el viento se la lleva consigo… Pero las imágenes están ahí. Instantáneas que no pueden negar la fuerza de la realidad de los hechos. No existe la verdad de los hechos pero sí la realidad que tenemos que saber aceptar inspirándose en convicciones profundas como el valor de la igualdad o la justicia para mejorar ese día a día un poco más.

Hubo un intento de golpe de estado en Venezuela contra el gobierno salido legalmente de las urnas; el gobierno de Chávez. Entonces Aznar habló por teléfono con los golpistas y tuvo algunos gestos más que sospechosos en aquellos días intempestivos… Cuando el famoso golpe de Estado fallido en el 1982 cuyo protagonista más cantoso fue Tejero Estados Unidos se limitó a decir que era un “problema interno” de España y ni siquiera lo condenó… ¿Os imagináis que hubiera pasado si además de no condenarlo los líderes de EEUU hubiesen hablado por teléfono con los líderes de dicho golpe de Estado y hubiesen tenido gestos de acercamiento como si fuese un régimen legal cuando no era otra cosa que un maldito golpe de Estado? Pues la que se habría montado…

Estar en contra de un golpe de Estado contra Chávez cuando fue elegido por las urnas no es estar de acuerdo con él y con las decisiones que toma muy preocupantes como el cerrar un canal de televisión por ser crítico con él. Porque una de las cosas que no pueden faltar en una democracia es la libertad de información. No es estar con Chávez o contra Chávez, sino estar con lo correcto; la democracia. No es el lenguaje de la derecha de estás conmigo o estás, por ejemplo como dijo Aznar unos días después de dar el pésame a los socialistas por el asesinato de Buesa por parte de ETA, con los terroristas. Es la pluralidad de opiniones el cuarto valor en que se fundamenta nuestra Constitución, a la que no debemos nunca renunciar.

La libre opinión como valor fundamental es un garante de nuestros derechos y libertades como ciudadanos. Cuando se tiene ese derecho también se tiene el deber que le corresponde, es decir, una responsabilidad. Y cuando se tiene un poder como el que tiene el PP, que no es otro que el que le dan los ciudadanos libremente, su deber es el de ser coherente con aquello que dice y no engañar a los ciudadanos. Y ser coherente implica, por supuesto, ser consecuente con lo que uno hace y dice. En unas declaraciones de Polanco, jefe del grupo PRISA, éste afirmó que la imagen de las manifestaciones con las banderas del franquismo daba la sensación de que el PP quería volver a la situación que había antes de la Guerra Civil en España y que llevó a la misma. Pues bien, el PP boicoteó al grupo PRISA (Cadena Ser, El País…) porque se sintió ofendido con dichas declaraciones como si le hubiese llamado fascista.

Lo curioso es que después de dicho boicot Aznar afirmó, como sólo él sabe, que ZP con la ley de Memoria Histórica –que sólo busca resarcir a los perdedores de la Guerra Civil y condenar a una dictadura, la de Franco, que ayudó a Hitler facilitándole información de los movimientos aliados en el estrecho de Gibraltar o boicoteando buques italianos proamericanos- lo que desea es volver al drama de hace 70 años, es decir, a la Guerra Civil. O sea, es como si alguien me llamase gilipollas y yo le retirase la palabra enfadado y luego voy y llamo gilipollas a otro y encima quiero que me mantenga la palabra…. ¿Cinismo o estupidez? Creo que lo primero porque alguien que es estúpido no llega a presidente de un país como España.

También las declaraciones de Aznar sobre el alcohol y la broma sobre la publicidad de la campaña contra los accidentes de tráfico donde afirmaba que no quería que nadie condujese por él ni que nadie le dijera lo que tenía que beber denotan una forma de entender la política. Esta visión del papel del Estado es profundamente liberal, donde podríamos establecer los que entienden libertad como no-interferencia del Estado en nuestra libertad individual y los que la entienden como no-dominación sujeta a decisiones arbitrarias que no estén sujetas a un control democrático y de justicia –justo-. Esto último lo hemos podido ver en todas las dictaduras –y seguimos viendo-.

Ante todo pongo como valor primordial la libertad, es decir, la democracia. Pero la libertad de alguien tiene un límite; la libertad del de al lado. Y es basándose en este principio cuando alguien como yo, socialdemócrata, defiendo el deber del Estado en la interferencia en las libertades individuales sólo para poner esos límites necesarios que representan el respeto al “otro”, al que convive con nosotros y con quien tenemos que compartir, queramos o no, nuestra sociedad. La bondad por la bondad no es algo propio de las personas, es decir, siempre se espera un favor a cambio o una compensación por lo hecho, aunque sea poder sentirse uno mejor consigo mismo. Ya he puesto el ejemplo de las ONG´s, cuya labor positiva es inestimable, pero que tienen un horario de oficina por la seguridad y no llegan a lugares donde el ejército sí que llega por los medios. Ahí los soldados cumplen con un deber que le manda el Estado. Aquí el papel de los Estados según cómo actúen es fundamental.

Los accidentes de tráfico son una lacra de nuestra sociedad, y en muchas ocasiones se producen debido al alcohol o el exceso de velocidad. De ahí la importancia que el Estado sea implacable con los delitos de tráfico cuando se pone en peligro la vida de los demás. Si alguien se quiere matar muy bien, pero que NUNCA MATE A OTRA PERSONA POR SUS IMPRUDENCIAS. Por supuesto no aplicando la ley de manera excesivamente rígida y mirando con lupa cada caso.

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martes, 19 de junio de 2007

¿Felicidad?

"Los estadounidenses son menos felices hoy de lo que eran hace 30 años, debido a la mayor cantidad de horas de trabajo y al deterioro en la calidad de sus relaciones con amigos y vecinos, reveló un estudio italiano.
Los investigadores presentaron su trabajo en una conferencia sobre 'Políticas para la felicidad' en la Universidad de Siena, en Italia, y destacaron dos fuerzas importantes que impulsan la felicidad: el mayor ingreso y las mejores relaciones sociales.

El equipo concluyó que una persona sin amigos o relaciones sociales con los vecinos tendría que ganar 320.000 dólares más cada año que alguien que sí tiene esos vínculos para registrar el mismo nivel de felicidad.

Si bien el ingreso estadounidense promedio aumentó en los últimos 30 años, su aporte a la felicidad se vio ampliamente superado por la reducción en la calidad de las relaciones durante el mismo período.



Crece la soledad



"La principal causa es la disminución del llamado 'capital social'; el aumento de la soledad y de la percepción de los otros como (personas) de poca confianza e injustas", dijo Stefano Bartolini, uno de los autores del estudio.

"Los contactos sociales han empeorado, las personas tienen cada vez menos relaciones entre vecinos, parientes y amigos", agregó el autor.


Bartolini y otros dos investigadores italianos observaron datos desde 1975 hasta 2004, recopilados por los Sondeos Sociales Generales, que se realizan anualmente y controlan los cambios en la sociedad estadounidense a través de entrevistas con miles de personas.

En Europa somos más felices

En cambio, según la limitada información disponible, la tendencia a la felicidad se mantuvo estable en Europa, que aparentemente habría evitado algunos de los cambios laborales vividos en Estados Unidos, como la jornada más extensa y la mayor presión.


"El incremento de las horas trabajadas por los estadounidenses en los últimos 30 años afectó fuertemente su felicidad porque las personas que son más absorbidas por su trabajo tienen menos tiempo y energía para las relaciones", expresó Bartolini.

"Otra causa importante es que la sociedad estadounidense vivió en los últimos 30 años un gran aumento de la competitividad, comparada con Europa. En Estados Unidos, si se pertenece a la clase media, es más fácil volverse pobre que en Europa. Eso genera un estado de inseguridad", añadió el autor."


Fuentes 20 Minutos: 19/6/2007



¿Se puede medir la felicidad al milímetro? Me da que no, porque no es medible, porque cada persona es un mundo y cada segundo depende de múltiples factores... Pero en cambio se puede ver el bienestar general de la gente o por el contrario, el malestar... No es más feliz el que más tiene sino el que menos necesita. Estas tesis lo demuestran. EE.UU., el paradigma del liberalismo a ultranza y el "bienestar" que trae consigo el desarrollo resulta que al no haber tenido problemas en mucho tiempo, como la competencia económica -mientras en Europa nos matábamos unos a otros-, ahora se ve con que el mundo ya no es como era y que no es el único país con bienestar... Eso, añadido a la presión sobre las personas para no perder esa posición preponderante en el mundo, da la sensación de un mayor malestar general. De menor vida de ocio, y por tanto, de vida privada por lo que hay menor libertad.

En Francia por ejemplo la crisis ha girado mucho en torno a su identidad, pues en el mundo ya no es el centro, junto a EEUU, de las relaciones internacionales. Esto, añadido al tema de la inmigración y los problemas que asentada en su supuesto bienestar sin movilizarse para prevenir los problemas que le acuciaban le han "pillado por sorpresa", ha creado un clima de incertidumbre y de mayor inseguridad cara al futuro. ¿Quién le da más seguridad? El que tiene el discurso más populista y ofrece soluciones tajantes, sin amigüedades.


España en cambio siempre ha vivido "atrasada" con respecto al resto de Europa, y realmente arrastraba una gran pobreza desde los años de oligarquía con Franco, se hizo un esfuerzo para liberalizarlo todo en poco tiempo, gente con tres trabajos a la vez por ejemplo, y se intentó preparar a marchas forzadas a España. España ha pasado de no tener a tener bastante. Pero en España la gente siempre a tenido conciencia social, solidaridad y confianza en los demás y en sí misma. También en 14 años tuvo memoria histórica y permitió a la izquierda gobernar... El caso es que una sociedad demasiado individualizada lleva a un malestar y a una menor relación con los demás, y x tanto, discusión y control de la "cosa pública", básico en democracia. En cambio una sociedad muy estatalizada lleva a una sociedad controlada y dominada por unos pocos.

Ni el estatalismo de la URSS amenazante propio de la represión de la Edad Media ni el liberalismo feroz de EEUU basado en la ley del más fuerte, en otras palabras, de la ley de la selva donde sólo sobrevive el más fuerte. Al final, como todo en esta vida, resulta que hay que buscar el equilibrio, que en términos políticos, es el centro.

Por eso apuesto por un centro pero de izquierda, que se mueva como la sociedad lo hace, que ayude a una sociedad que desde la calle progresa un poco más cada día. Que además luche contra la desigualdad que a la larga crean mayores conflicto y una sociedad más insegura. Y es que la valentía y la apuesta optimista por el futuro siempre dará mejor resultado que el miedo y el inmovilismo, que una sociedad como la nuestra, necesita más que nunca para poder avanzar en un mundo que cambia demasiado deprisa.

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sábado, 19 de mayo de 2007

Ideas en el PSOE; desde su tradición socialista a la Tercera Vía y la "democracia participativa"/2

El equipo de Zapatero, tras conquistar la secretaría general del XXXV Congreso del PSOE en unas elecciones primarias apretadas, denominó a su proyecto político enmarcado dentro del PSOE(partido socialista) y la socialdemocracia –tras la decisión de Felipe González de abandonar los planteamientos marxistas en el mismo partido socialista- Nueva Vía, teniendo como referente la Tercera Vía.

La Tercera Vía es una ideología política y económica de gobierno que, desde un punto de vista socialista o socialdemócrata, pretende aplicar políticas de desregulación, descentralización y reducción de impuestos, teniendo al social liberalismo como política económica. Está bien representada por algunos gobernantes como el primer ministro británico Tony Blair, el ex canciller alemán Gerhard Schröder, el ex primer ministro holandés Wim Kok, el ex presidente brasileño Fernando Henrique Cardoso y el expresidente chileno Ricardo Lagos.

Los partidarios de este modelo se inspiran en las teorías de Anthony Giddens y consideran que este modelo es una reforma que necesita la socialdemocracia para poder seguir defendiendo los elementos básicos del Estado del bienestar en la era de la globalización, adoptando un modelo económico de corte socio-liberal.

El auge de la Tercera Vía se debe sobre todo al agotamiento de las políticas socialistas tradicionales, sobre todo en la Unión Europea. El objetivo de la Tercera Vía es compatibilizar los valores tradicionales de centro-izquierda, como la solidaridad, la justicia social, la responsabilidad y las oportunidades, con los postulados económicos del libre mercado, como la reducción del intervencionismo y de los impuestos. La función que la Tercera Vía asigna al Gobierno es favorecer la estabilidad macroeconómica y desarrollar políticas de bienestar, pero sin intervenir directamente ni imponer políticas paternalistas. Otro punto clave es la creación de empleo, mediante la mejora de la educación y los beneficios fiscales para las empresas que asuman sus responsabilidades.

En la política internacional, la Tercera Vía intenta adaptarse a la globalización y a los nuevos retos políticos que surgieron tras el final de la guerra fría, desechando las viejas ideas y amenazas del orden bipolar, y se preocupa por los nuevos problemas, como la delincuencia organizada, el terrorismo, el tráfico de drogas y el medio ambiente.

La seguridad es vital, pero utilizando la fuerza sólo cuando sea imprescindible. La cooperación internacional y el reforzamiento de las organizaciones supranacionales, como la UE, son otros puntos clave de la Tercera Vía, pero sin renunciar a la soberanía nacional. Dentro del marco de cooperación internacional el actual dirigente del PSOE, José Luis Rodríguez Zapatero, ha defendido una iniciativa conocida como la Alianza de Civilizaciones. Esta iniciativa fue propuesta en la 59ª Asamblea General de la ONU, el 21 de septiembre de 2004. Dicha propuesta defiende una alianza entre Occidente y el mundo árabe y musulmán con el fin de combatir el terrorismo internacional por otro camino que no sea el militar. Esta idea recupera la propuesta que seis años antes hacía también ante la ONU el presidente de la República Islámica de Irán, Muhammad Jatami, de desarrollar un "Diálogo entre civilizaciones", por lo cual se consideró 2001 como el año oficial y se estableció una agenda de trabajo.

El programa propuesto tiene como puntos fundamentales la cooperación antiterrorista, la corrección de desigualdades económicas y el diálogo cultural. Antes de ser asumido por la ONU, la propuesta consiguió el patrocinio del Primer Ministro de Turquía, Recep Tayip Erdogan, así como el respaldo de una veintena de países de Europa, Latinoamérica, Asia y África, además de la Liga Árabe. En febrero de 2006, por medio de una carta de la Secretaria de Estado de los Estados Unidos, Condoleezza Rice, el Gobierno estadounidense declaraba también su disposición a apoyar la iniciativa. Tras la adopción de la iniciativa, el Secretario General de Naciones Unidas Kofi Annan estableció un grupo de dieciocho personalidades de alto nivel (entre las que se incluyen el presidente iraní Muhammad Jatami, el Premio Nobel de la Paz de 1984 Desmond Tutu y el director de la Unesco Federico Mayor Zaragoza) para presentar un plan de acción a finales del año 2005. El 20 de octubre de 2005, las Naciones Unidas proclamaron otra resolución en la que llamaban a la comunidad internacional a hacer un mayor esfuerzo para promocionar la cultura de la paz y el diálogo entre civilizaciones. En abril de 2006, la Alianza de Civilizaciones lanzó un sitio web en inglés y árabe con el fin de coordinar los esfuerzos llevados a cabo en este sentido.

A menudo se describe la Tercera Vía como una evolución de los antiguos socialdemócratas hacia posturas mucho más neoliberales y con escasos tintes socialistas, con el objetivo de devolver al poder a los partidos socialdemócratas que han perdido las elecciones. Además, los críticos afirman que las políticas de la Tercera Vía benefician en última instancia los intereses de las grandes corporaciones, en detrimento de las clases trabajadoras y los pobres. Los defensores afirman que después del fracaso del modelo soviético de economía centralizada y planificada por el estado burocrático ha quedado demostrado el capitalismo y la economía de mercado como único generador de riqueza en un marco de libre competencia como única manera de proteger al consumidor, que este pueda siempre elegir entre varios oferentes, y el estado debe ser profesionalizado para asegurar la justicia social y la redistribución de la riqueza a través de un sistema impositivo progresivo que se vuelque en educación y salud universal, protección del medio ambiente, seguridad y justicia independiente del poder político.

Una de las familias políticas que se encuentran dentro del PSOE, y a la que también se acerca la cúpula del partido, es la Nueva Izquierda. Este movimiento plantea la revisión de los planteamientos marxistas. Defendía el acercamiento a los planteamientos del Partido Socialist Obrero Español. Finalmente los miembros de esta corriente salieron de Izquierda Unida y formaron el Partido Democrático de la Nueva Izquierda (PDNI), para acabar integrándose en el Partido Socialista Obrero Español. Diego López Garrido es el actual portavoz en el Parlamento del PSOE, quien defiende la revisión de los planteamientos marxistas, ya que ahora nos hallamos ante la globalización, que fragmente y diversifica las clases sociales, al contrario de lo que pensaba Marx. Por ello la izquierda de hoy en España, en concreto los socialistas, piensa que la sociedad pide más derechos civiles y no sólo reformas económicas. Este modelo también defiende que ciertas reformas económicas no pueden hacerse sólo a nivel nacional, sino que también han de hacerse a nivel internacional; en el caso de España al nivel europeo. O sea, la izquierda de hoy busca superar la vieja tradición marxista, socialista y comunista, ya que la consideran muy economicista y estatista.

De ahí se desprende que el proyecto de Zapatero, en sus propias palabras, ha abandonado la idea de superar al capitalismo y enfoca sus ideas en renovar el proyecto del estado del bienestar, más en la línea que tradicionalmente el PSOE ha seguido del Partido Socialdemócrata Alemán (SPD). Es decir, en el marco del capitalismo, del libre mercado crear un estado del bienestar donde el gobierno redistribuya la riqueza y alguna parte de ella vaya a parar a los menos favorecidos. De este modo el proyecto de renovación del estado del bienestar pasa por formar y consolidar un “cuarto pilar” dirigido a millones de personas (mujeres, enfermos, discapacitados, ancianos solos…) que tienen derecho a no ser dependientes. Esta idea se recoge en la Ley de Dependencia impulsada por el actual ejecutivo. Los otros tres pilares clásicos son la sanidad, las pensiones y la educación.

Por esta vertiente, dentro del mercado liberal, claramente social, el propio Zapatero se autodefine como demócrata social más que socialdemócrata. Para Zapatero, "El programa de una izquierda moderna pasa por una economía bien gobernada con superávit de las cuentas públicas, impuestos moderados y un sector público limitado. Todo ello, conjugado con la extensión de los derechos civiles y sociales".

Más allá de la democracia social y la Tercera Vía el líder del PSOE, José Luis Rodríguez Zapatero, que es quien lidera la política del partido que está en el gobierno, tiene un referente teórico en el que basa su acción de gobierno y del PSOE; Philip Pettit. Este filósofo y politólogo irlandés propone un sistema político de “checks and balances” (controles y equilibrios) al estilo federalista, no al francés. Sus ideas se pueden resumir en varios puntos:
1.- “Republicanismo”: propugna que las personas son ciudadanos, no súbditos, y que por lo tanto nadie tiene derecho a decidir sobre la vida o libertad de otra persona

2.- El Estado tiene el poder, precisamente para evitar que unos fuertes tomen como súbditos a unos débiles. ¿Pero quién limita el poder del Estado para que no sea despótico? Pues los medios de comunicación libres, la transparencia informativa y los ciudadanos a través de movimientos sociales y organizaciones, que se dejan oír en los medios de comunicación.

3.- Es importante que el Estado garantice y promueva la libertad e independencia de los medios y también de las asociaciones y ONGs, que haya voces discordantes. Serán los mecanismos de control al poder. La TV, la prensa, ha de ser monitorizada por entes independientes, los mandatos de los directores de la TV no han de coincidir con los cambios de gobierno. Las instituciones públicas han de recoger “el sentir de la otra parte”.

4.- La tradición republicanista es el federalismo, no el jacobinismo francés. La idea de Rousseau (tomada de absolutistas como Bodin o Hobbes) de que hay una voz monolítica del pueblo soberano es desastrosa: la voz del pueblo es plural, son muchas voces que deben poder expresarse, y el poder ha de tender a estar dividido, siempre en un proceso de control y equilibrio.

5.- El republicanismo no es incompatible con la monarquía: Rousseau acertaba al decir que una monarquía en la que el Rey se somete a la ley y hay un Estado de Derecho debe ser llamada república. Lo importante es la libertad, y libertad es no ser súbdito de nadie.

6.- El Maquiavelo de los Discursos (no el de El príncipe), tenía razón al decir que las buenas leyes generan buenos hábitos, y los buenos hábitos buenas leyes; hay que promover este círculo virtuoso.

7.- EEUU carece de contrapoder; es peligroso para el mundo esta falta de equilibrios. Los pequeños países deberían aliarse: a la Unión Europea no le queda más remedio y cada vez verá más necesaria su vocación de contrapoder.

8.- Los Gobiernos han de crear redes de control de las grandes corporaciones multinacionales y obligarlas a jugar con determinadas reglas, no dejar que ellas las impongan.

9.- La globalización no es compatible con el protectorismo y las enormes subvenciones de los países ricos a sus sectores agrarios o manufactureros al mismo tiempo que obligan a los pobres a abrir sus mercados.

10.- Hay tres principios básicos en democracia: elecciones por un periodo limitado, separación de poderes y estado de derecho aplicable a todo el mundo.

La defensa de estas ideas se puede verificar en una entrevista con el sociólogo José Andrés Torres Mora donde afirma; “Lo que nos sedujo de la tradición del pensamiento republicano y de la reflexión de Pettit fue la definición teórica de la libertad como no-dominación. En la práctica, significa apostar en primer lugar por las políticas de igualdad – ante todo el rol social de las mujeres, y luego el de las minorías (homosexuales, inmigrantes, etc.)--, sin olvidar el conjunto de los derechos de la ciudadanía para todas las clases y grupos sociales”.

Además, el PSOE de Zapatero está enmarcado en la Internacional Socialista, la cual tuvo su última reunión el 15 y 16 de enero de 2007 en Nueva Delhi, en la India. En este última reunión el punto de convergencia en las discusiones fue la necesidad de hacer en la región del sur de Asia lo que el movimiento socialdemócrata ha hecho en otras partes del mundo a nivel nacional: crear un consenso para asegurar que los intereses de aquéllos que son dejados de lado sean atendidos y protegidos, con una preocupación por la pobreza, un énfasis en el empleo, la salud, la educación, la igualdad de género, la defensa del medio ambiente y una mayor igualdad en las relaciones económicas internacionales. Este último punto se puede reflejar en la defensa de un mundo multipolar por parte de líderes como Bachelet o Rodríguez Zapatero, frente a un mundo unipolar gobernado por Estados Unidos.

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viernes, 18 de mayo de 2007

Ideas en el PSOE; desde su tradición socialista a la Tercera Vía y la "democracia participativa"/1

Lo primero que destaca al ocuparse del socialismo –ideología en que se enmarca el PSOE- es el número y diversidad de sus contenidos; se han recopilado más de un centenar de posibles definiciones –muchas de ellas tan ambiguas como incompatibles entre sí- hasta tal punto que no faltan los que prefieren emplear este término siempre en plural y hablan de “los socialismos”, para indicar que con el mismo vocablo se hace referencia a entidades con muy poca o ninguna relación entre sí.

Todas las formas de socialismo comprenden tres ingredientes básicos: una crítica, una alternativa y una teoría de la transición; es decir, ponen de manifiesto los defectos de una sociedad, sugieren acuerdos para perfeccionarlos, e indican de qué forma pueden conseguirse dichas mejoras. En cuanto a la crítica, invariablemente existe un fundamento bajo la forma de algún tipo de igualitarismo. El capitalismo, que históricamente ha sido el principal punto de mira del socialismo, suele considerarse básicamente como una sociedad desequilibrada, que concentra la riqueza y el poder en manos de una minoría y condena a la gran mayoría a la pobreza relativa o absoluta y a la impotencia. Los socialistas hacen hincapié en las diferencias inaceptables de oportunidades que existen en la sociedad. Estas tesis han sido criticadas ya que la igualdad completa es inalcanzable y la propia naturaleza del hombre, que busca más poder y tiende a la desigualdad.

Un segundo rasgo común es la crítica de las sociedades que socavan o ahogan la sociabilidad y la cooperación. Así, por ejemplo, se critica al capitalismo porque tiende a crear personalidades aisladas, egoístas; porque muestra muy poco interés por los demás, a la mayor parte de los cuales se les considera o bien poco importantes para la propia esfera “privada” y, por consiguiente, no merecedores de que se les dedique una atención digna de tal nombre, o bien como competidores, es decir, como una amenaza. Los socialistas concuerdan con lo que decía John Donne (1572-1631): Ningún hombre es en sí mismo una isla totalmente desconectada; todo ser humano es parte del continente, una sección de lo principal; […] la muerte de cualquier hombre me disminuye a mí, porque yo formo parte de la humanidad; no, amigo, nunca preguntes por quién doblan las campanas: doblan por ti.

En tercer lugar, los socialistas tienen una concepción de la libertad que les hace extremadamente críticos hacia muchas de las formulaciones convencionales. Destacan, por ejemplo, la clásica definición liberal, contradictoria y un tanto frívola, de la libertad como ausencia de restricciones. Es contradictoria porque la libertad del mercado “libre” socava la libertad contenida formalmente en los derechos sociales y políticos; el mercado origina pobreza y las personas pobres no pueden ser auténticamente libres. Por ejemplo, K. Marx (1818-1883) alude de este modo a la libertad de las sociedades capitalistas: la aceptación práctica del derecho del hombre a la libertad es el derecho del hombre a la propiedad privada […]. El derecho del hombre a la propiedad privada es, por consiguiente, el derecho a disponer de ella a su entera discreción […]sin consideración a los demás hombres, independientemente de la sociedad, es el derecho al interés propio.[1] El tratamiento que se concede a la propiedad resulta así el rasgo esencial que diferencia el socialismo del liberalismo, provenientes ambos de la misma tradición racionalista y humanista que se configura en la Ilustración. El socialismo entronca con la vieja idea, que Rousseau había actualizado a mitad del siglo XVIII, de que la introducción y ulterior desarrollo de la propiedad es la causa de una desigualdad creciente en las sociedades (Jean-Jacques Rousseau, Discurso sobre el origen y los fundamentos de la desigualdad, 1755).

Debido a que el origen del socialismo se encuentra en aquel período, lleno de dudas e interrogantes, de los siglos XVII y XVIII, cuya evidencia más gráfica la hallamos en la Ilustración y en la Revolución Francesa (1789), los socialistas creen en la razón y, por consiguiente, se sienten capaces de sugerir alternativas. Creen que el pueblo puede diferenciar la verdad del error, y también es capaz de elaborar una alternativa racional ante una realidad insatisfactoria (y, por tanto, irracional). Para los socialistas el oscurantismo de la superstición y la ignorancia iba a retroceder frente a la luz de la mente racional; todas las relaciones sociales se iban a llevar ante el tribunal de la razón y a sustituirlas en caso de hallarlas deficientes. “La verdadera ciencia política es la ciencia no de lo que es, sino de lo que debería ser”, escribía Sieyès en 1772. Los valores fundamentales del socialismo se reflejan en las numerosas y diversas alternativas que se sugieren: por ejemplo, la redistribución de la riqueza para superar la desigualdad; la producción cooperativa a fin de vencer la competitividad antisocial; y nuevas pautas laborales y educativas al objeto de promover el desarrollo de la individualidad libre.

El socialismo ha buscado una renovación en sus planteamientos debido a los nuevos desafíos ante los que se encuentra la sociedad de hoy día. Esta idea de renovación del socialismo se basa en una corriente surgida paralela a la del “socialismo real” encarnado en la Unión Soviética (1945-1991), que fracasó estrepitosamente tras su caída. Esta corriente postula que la cuestión esencial para acabar con la desigualdad no es la de la propiedad, ya que con el socialismo real quedó de manifiesto que su supresión hizo que se esclavizara aún más al ser humano, sino la democracia. Viene a ser el socialismo democrático que defiende que el pilar básico para luchar con los problemas en que se encuentra la sociedad es la democracia. Aunque ésta se puede encontrar en peligro hasta desaparecer ya sea por un orden social que ampare la propiedad privada como por uno que la elimine.

La democracia se contempla incorporando la unidad de libertad, igualdad y fraternidad, la solución radical al problema planteado en su día ya por Rousseau en su “Contrato Social” (1762): "El problema consiste en encontrar una forma de asociación que defina y proteja, con toda la fuerza comunitaria de que sea capaz, a las personas y los bienes de cada asociado y que, aunque se unan unos con otros, aún puedan obedecerse sólo a sí mismos y permanezcan tan libres como antes".

En esta línea se haya el primer partido socialista fundado en Europa, el SPD (Partido Socialdemócrata Alemán) en el 1869, de carácter reformista aunque también marxista, quien defendía entre otras cosas la separación entre Iglesia y Estado, el sufragio universal masculino, la sustitución del ejército imperial por una milicia popular, la abolición del trabajo infantil y el establecimiento de una jornada normal de trabajo, el desarrollo de un modelo fiscal progresivo y el respaldo estatal al cooperativismo. De este modo el PSOE, en la línea del SPD, defiende el socialismo democrático tratando de dar respuesta a los nuevos desafíos de un mundo globalizado en el que, cada vez más, el mercado neoliberal copa todos los rincones. En palabras del propio Zapatero: “(…) no puede haber socialismo sin libertad, sin democracia.”

Esta corriente, conocida como la socialdemocracia, es una ideología política que surgió a finales del siglo XIX y principios del XX del seno del marxismocreían que la transición a una sociedad socialista podía lograrse mejor mediante una evolución dentro de la democracia representativa que por una revolución o algún otro cambio profundo. Con anterioridad, se describía a los socialdemócratas como socialistas reformistas(dado que abogaban por el desarrollo del socialismo a través de reformas parlamentarias graduales) en contraste con los socialistas revolucionarios, que pretendían alcanzar el socialismo mediante una revolución obrera. A menudo se utilizan los términos "socialismo" o "socialista" en referencia a la socialdemocracia y los socialdemócratas, aunque el concepto "socialismo" es más amplio, ya que en diferentes países pueden incluir a socialistas democráticos, marxistas, comunistas y anarquistas.

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miércoles, 9 de mayo de 2007

Reflexiones de un estudiante


Ya lo dijo James McGill Buchanan, premio nobel de economía en 1986 más o menos con estas palabras: "¿De qué forma podemos vivir juntos en paz, prosperidad y armonía, al mismo tiempo que conservamos nuestras libertades como individuos autónomos que podemos y debemos crear nuestros propios valores?". Una sociedad demasiado colectivista, como se vio en la Unión Soviética (19145-1991), acaba eliminando la propia identidad de uno mismo en detrimento de una sociedad donde cada persona es sólo una parte más del engranaje que hace funcionar esa gran maquinaria. Vuelvo a referirme a Sarkozy, no como alguien liberal, sino como alguien conservador que ha atizado a la sociedad con sus miedos y fobias –sobretodo su propia identidad donde ha dejado de ser uno de los centros de las relaciones internacionales, y por tanto, se la ha dejado de “escuchar”- para luego mostrarse como el “gran salvador”, ese “líder espiritual” que sacará de la crisis en que se haya Francia. En contraposición a la concepción de Philipp Pettit, que comparten Zapatero y Royal, de ciudadanía adulta con suficiente capacidad crítica para controlar a su gobierno.

El punto de partida de Buchanan se encuentra en su insatisfacción con la concepción de la política caracterizada por un conjunto de ideas románticas y de ilusiones sobre el funcionamiento de los gobiernos, concepción que les asigna la tarea de curar los males del mundo. Cuando algo no anda bien en la vida económica o social, de acuerdo este voluntarismo intervencionista, hay que acudir al gobierno para que lo solucione. Razonando de esta manera se está suponiendo, al menos implícitamente, que el gobierno se comportará como un dictador benevolente y omnisciente.

Sin embargo, los dictadores omniscientes y benevolentes no suelen existir, como la experiencia histórica lo prueba. Cuando nos damos cuenta de esto, sostiene Buchanan, sentimos la necesidad de contar con una visión menos ingenua y más realista de cómo los gobiernos funcionan en los hechos y ésta es la misión de una teoría positiva y predictiva de las decisiones públicas. No existe ninguna base para hacer recomendaciones de intervención estatal sin que exista alguna teoría acerca de cómo funciona la política sin romanticismos. Es decir, no existe el gobierno perfecto que solucione todos los problemas de un plumazo, sino más bien para acumular mayor poder.

De esta idea se desprende que cuando Sarkozy utiliza conceptos conservadores como identidad nacional, la idea de respeto a la figura que manda, etc. etc. defiende más una idea comunitarista que una idea liberal de la economía. Defiende más una concentración del poder que un equilibrio de fuerzas.

En el otro lado es necesaria una sociedad y una idea colectivista en el sentido de solidaridad y convivencia cívica. En el sentido de fraternidad y tolerancia. Las personas no sobreviven solas sino que se hayan insertadas en el seno de una sociedad y según la cultura en que se hayan forman una concepción determinada del mundo. De hecho en el marco de una sociedad liberal feroz sin ningún tipo de garantías se termina con la idea de superación de las personas al no ver salida a una situación de marginación donde unos pocos cada vez más acumulan el dinero, y por tanto también, el poder. El ser humano no sólo tiene una identidad y un espacio íntimo sino que también se basa en esperanzas, en sueños de futuro. En definitiva no es sólo un espacio físico y mental, sino también un espacio en valores, en cultura.

Por ello también quiero destacar de nuevo el papel que tuvo el mayo del 68, por ejemplo en el caso de España se daría realmente unos cinco años después, salvando siempre las distancias, con las revueltas estudiantiles y movimientos sociales en contra de la dictadura franquista, lo que supuso la conquista de la democracia en la calle. En el caso de Francia la “revolución” del 68 no supuso la fractura de las instituciones francesas, pues tras dos meses el entonces presidente conservador Charles de Gaulle movilizó a toda la clase media y burguesa que veía “amenazada” su posición privilegiada. Por ello el presidente conservador tras dos meses dio carpetazo: “El patio se ha acabado”.

Realmente aquellas revueltas significaron más derechos para la mujer (como la ley de aborto o que las mujeres no tuvieran que pedir permiso al cónyuge para abrir una cuenta bancaria), significaron el surgimiento de los colectivos homosexuales que comenzaron a ser “visibles” y luchar por sus derechos –que comenzó a principios de los años 70 en Nueva York- y movimientos feministas con una idea liberadora de la mujer y rupturista con la tradición. En definitiva, aquella revolución fue tan sólo cultural y no tuvo ninguna repercusión en las instituciones francesas. Es más, quizás es el conservadurismo, el estar ancladas las instituciones todavía en el pasado frente a la revolución social, frente al progreso social más adaptado a la realidad actual basada en la globalización, lo que ha hecho que Francia se quedase atrás.

Como bien dice Philip Pettit, el cual se declara a favor de una filosofía social a la vez anticolectivista y antiatomista: “Anticolectivista, por rechazo de la idea, según la cual los individuos son meros juguetes de fuerzas sociales agregadas, meros números en un juego de azar histórico, peones en marcha hacia un destino histórico. Antiatomista, por insistir, empero, en que la noción de individuo solitario es ilusoria: las personas dependen unas de otras –a través de más de un nexo causal-, incluso para su misma capacidad de pensar; son, esencialmente, criaturas sociales.”

Buchanan no cree en los buenos resultados de las revoluciones, ni de izquierda ni de derecha. Procura, en cambio, mejoras que partan de las personas tal como son, de algo que se resume quizás insatisfactoriamente en la expresión “la naturaleza humana”. Aún así, es posible mejorar la vida social por medio de cambios en las normas y las instituciones que rigen las relaciones entre las personas y el uso del poder político. La tarea del economista-político es contribuir a la mejora institucional.

De ahí que Ségolène Royal y Zapatero hayan intentado promover cambios en las instituciones para mejorar las relaciones entre la clase política, “los de arriba”, y los ciudadanos, “los de abajo” para hacer más dinámico el funcionamiento de las instituciones públicas sin haber una concentración del poder en unas pocas manos sino tender a repartirlo. Aquí se rompe con la idea de un gobierno demasiado estatalizado pero a su vez defendiendo ciertos ideales políticos como la solidaridad en la toma de decisiones que afectan al conjunto de la ciudadanía.

Buscar el equilibrio entre la libertad y el respeto al prójimo es urgente debido a la tendencia cada vez más marcada de los dos opuestos. Al final la decisión de escoger el camino que queremos andar está en nosotros mismos a través del voto, de la democracia.

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